Friday, 18 February 2011

Like an army defeated, the snow hath retreated

Jamás me hubiera imaginado que yo podría decir algo así, pero extraño la nieve. Lo admito. Y no hablo de una nevada cualquiera. Quiero que la vista desde mi ventana vuelva a ser esto:

Cuando la calle estaba más bloqueada que Cuba en los sesenta y el snow removal tractor se acobardaba cada madrugada en la esquina. Cuando querías salir de tu casa y tenías que trepar incompetentemente la escalera, hundiendo las piernas hasta más arriba de la rodilla y abrazando la baranda con pasión excesiva. 

Cuando te despertabas muy temprano y lo primero que hacías era encender la compu y lo último que querías descubrir era un email con el título School is closed today, el cual invadía tu casilla impertinentemente. Cuando no sabías qué hacer con La Pitufa todo el día encerrada, porque salir con el cochecito era una misión imposible. 

Cuando la casa empezaba a oler a podrido porque no se podía sacar la basura (estando los containers totalmente bloqueados, bajo un par de metros de nieve) y la calefacción se condensaba en la atmósfera putrefacta. 

Cuando el fin de semana llevabas a La Pitu a Central Park con sus botas de esquí violetas y su trineo naranja, y te tirabas desde lo alto de una colina dándole un chute de adrenalina a tu vida, como pocas veces lo harás en lo que resta del año.

Hoy hace diecisiete grados y es un día desmoralizantemente gris. Los escasos montículos de nieve que había en las veredas se derritieron por la noche, dejando al descubierto mucha mugre, bastante desperdicios, y alguna que otra bestia. La de la puerta de mi casa se ve así y me parece que no habla inglés…



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