Friday, 8 July 2011

Giving Head



Y ahí vas, con la cabeza gacha, a ver a la directora imbécil del Day Care. Entrás y después de una sonrisa de hipócrita y un good morning forzado te sentás para hablarle. Está clarísimo que ella está muy desconcertada. La última vez que “charlaron” fue hace un par de semanas, cuando fuiste a quejarte porque otra vez insistían con más actividades opcionales dentro del horario escolar. Y  la re-puteaste sin vergüenza. 


Primero protestaste por el precio delirante de los nuevos encuentros semanales del story-teller aventurero que ahora venía a relatar un cuentito con conejitos de verdad, para que los nenes acaricien a los protagonistas. Después te enfureciste porque no estabas de acuerdo con que en una institución escolar se ofertaran clases de krav maga, una técnica de defensa personal israelí, adaptada para chicos.

Le dijiste de todo.

Hasta algo acerca del reciente estreno de Kung-Fu Panda 2 y de lo oportunistas que eran para ganar dinero con esta nueva onda de combat kids.

Y ahora estas ahí, face to face con esta yegua codiciosa y te le haces la amiga. Le contás que tu marido va a correr la maratón y que está juntando donaciones para una asociación que ayuda a los gorditos del Bronx a tener una vida más saludable. Y sin rodeos, le pedís ayuda. Aunque por dentro maldecís estar en su poder, no te queda otra. Que si la school puede colaborar con algo y si se le puede enviar una nota a los padres para “invitarlos” a participar en este lindo proyecto.

Te dice que por supuesto.

Vos no parás de infamar al Day Care porque te quiere sacar plata por todas partes, la acusás mes por medio de querer lucrar con los intereses infantiles, y ahora vas y pretendes que ella te de una mano para juntar unos dinerillos.

Le decis thanks y te levantás para irte, sintiéndote la peor de las descaradas, cuando ella te pide que esperes un minuto. Abre el cajón, saca su chequera y te firma un check por cuarenta dólares.

Forty-dollars-and-no-more”, escribe.

And no more awkward situations, pensás vos. Ever.


En todo caso, está más que claro que ella va a ir al cielo, y vos al infierno.


Friday, 1 July 2011

This Running Town



Yo a la gente que corre no la entiendo ni la voy a entender. En Central Park hay trillones. En mi cama, uno.

Primero fueron un par de vueltas al lago, después vino la adquisición del calzado Vibram, le siguió la compra del shortcito de atletismo y la moisture-wicking fabric t-shirt, y por fin el abono a Road Runners Magazine y la tarjeta de descuento del Super Runners Shop.

Hasta ahí, todo bien. Ese tipo de maridito corredor me lo puedo bancar. Y después de todo, el pibe por algún lado tiene que descargar.

Ahora, el otro día viene muy contento y me suelta que se inscribió para participar en la Maratón de New York, en noviembre. Que son como veintiséis kilómetros. Que tiene que comenzar a entrenar cinco veces por semana. Que vamos a tener que cambiar la dieta nutricional de la familia, que a partir de ahora sólo compre pasta whole wheat. Y empieza a detallar las horas y los días de sus entrenamientos hasta que lo interrumpo en seco y seriamente : “¡¿Cómo que entraste en la Maratón?!”

FYI, si uno vive en Manhattan hay solo tres maneras de lograrlo. A saber:

1)     LOTTERY. La lotería oficial de los organizadores (pero para ello hay que tener la suerte de salir sorteado y ya sabemos que en esta familia los afortunados no existen).

2)    CONNECTIONS. Contactos (aunque difícil sea de creer, una de las tres personas que forman nuestra red de conocidos en la ciudad trabajaba para el sponsor oficial de la carrera, pero hace ya mucho tiempo que nos dijo que no iba a poder hacernos de enchufe. De todas formas, ya van varios meses desde que le perdimos de vista).

3)   RACING FOR A CAUSE.  Anotándose en una asociación benéfica para correr para ellos (onda te ponés la remerita rosa y vas a correr por el cáncer de ovarios), para lo cual uno debe participar activamente en la campaña recaudatoria de fondos. Fundraising, que se le dice por estos pagos.



J puso cara de pícaro y por fin admitió que iba a correr para una de estas organizaciones con fines caritativos. Una que lucha contra la obesidad de los niños y adolescentes del Bronx. Y que se comprometió a recaudar donaciones por un total de dos mil seiscientos dólares.

Dos
Mil
Seiscientos.

Esa es la cantidad de dólares que tenemos que juntar. Antes de la segunda semana de octubre. Y no conocemos a nadie en toda la puta ciudad.

¿Reír o llorar?