Wednesday, 29 December 2010

Tree



A mí no me vengan a decir que éste no es un arbolito de navidad de pobre (la taza verde está al lado para que se aprecie bien el diminuto tamaño).

Tuesday, 28 December 2010

Santa no existe II



En la víspera de Navidad, La Pitufa volvió a casa con una nota del Day Care que decía lo siguiente:

TODAY THE CHILDREN EXPLORED THE DIFFERENCES IN HOW WE CELEBRATE HANNUKAH AND KWANZAA AND THE DIFFERENCES IN THE MENORAH AND THE KINARAH.
 
De Papá Noel todavía ni noticias...

Friday, 24 December 2010

Santa no existe



Esta semana finalizaba la colecta para el regalo de fin de año de las maestras del Day Care. Alguna madre ricachona piola decidió que cada familia iba a poner setenta dólares y que de esta manera, cada teacher podría recibir una sorpresita de 420 dólares en forma de agradecimiento por ser tan divinas con nuestros retoños.

Por supuesto no tardé en poner el grito en el cielo, ganándome la antipatía de más de uno, cuando declaré que nosotros sólo íbamos a colaborar con treinta dólares, y que igual nos parecía una guasada.  Que yo no gastaba ese dinero ni siquiera en el regalo de mi marido.

Para demostrar que no era por falta de poder adquisitivo (aunque en realidad yo creo que también es el caso), sino por pura cuestión de principios, donamos dos juguetes nuevos de diez dólares a los marines, que pusieron dos cajas inmensas en la entrada del Day Care para su campaña Toys for Tots. Muy a pesar de J que hubiese preferido donarlos a los niños iraquíes.

Ayer las teachers recibieron sus gift cards y por supuesto estaban de lo más contentas. En cada sobrecito había un vale hiper potentoso para hacer shopping en una tienda a elección.  

También fue el día en el que los soldaditos James y Greg pasaron a recoger los juguetes: se encontraron apenas con cinco. Resultó ser que estas familias más que pudientes se cagaron desvergonzadamente en los obsequios de los americanitos más necesitados. Demasiado ocupados estaban, comprando cosillas para sus niñatos en Fao Shwartz.

Pregunto…¿el espíritu navideño, dónde está?

Thursday, 23 December 2010

Margaritas a los chanchos





Que te vistas chic que te preparó una sorpresa. Que sus viejos se quedan con La Pitufa y que a las 21.30 tenemos una reserva para cenar. Porque sí, así de guapo que es.

Y te lleva a un restaurant michelinado que en el hall tiene paredes decoradas con manzanas de verdad y en el comedor cinco mozos trilingües por mesa, además del sommelier. Tan pero tan elegante es, que hasta hay  una clienta descalza a quien nadie le dice nada y ella hace como si la desnudez de sus pies fuera de lo más normal cuando baja las escaleras para ir al baño jugueteando con su collar de perlas.

El menú degustación contiene dos entradas, tres platos, un yogurcito-sopa para “refrescar el paladar”, y de postre un atómico soufflé de chocolate. Más la botella de vino blanco. Y por supuesto sale un dineral.

Y vos te querés matar porque a las cuatro de la tarde, antes de enterarte que tu marido se había convertido en Mr. Big, te agarró hambre y en un diner de morondanga te comiste una hamburguesa bestial con papas fritas, kétchup y Coca-cola. Y ahora que lograste liquidar el salmón y encarás los Nantucket Bay Scallops-prepared in a Tandori Manner, with Spices Imported from a Friend's Spice Shop in Paris te das cuenta que es imposible, que tu dulce cuerpito no podrá digerir todo lo que viene a continuación.

Tu hubby adivina que algo te pasa y te pregunta. Vos, de lo mareada que estás con la comilona, bajás las defensas y confesás todo. To-do: la hamburguesa, las papas fritas, el kétchup y la Coca-cola. Y hasta la dirección del diner de morondanga. Como es de esperarse, te reta como a una nena. Se enoja, después se pone triste, después daría la vida por volver el tiempo atrás (como vos) y finalmente exige explicaciones.

¡¿Por qué?!

Por boluda, porque no habías comido nada en todo el día, por alma de gorda, por hacerte la americanita, en realidad no sabés bien por qué…no hay una explicación. 

Lo que está clarísimo es que si no te hubieses dado el atracón de la hambuerguesita, el no hubiera hecho ninguna reserva y no se encontrarían en estos momentos “disfrutando” de tan refinada velada: es ley. La de Murphy que le dicen algunos, la de MilkyGirl que dicen otros. Pero esto último no hace falta que se lo expliques…


Monday, 20 December 2010

Just Worship




Lo bueno de vivir a sólo tres paradas de metro de Harlem es que el domingo, si te despertás con la veta espiritual, podés ir a la misa de la First Corinthian Baptist Church  y empezar el día moviendo el esqueleto al son del góspel.

Vas a tener que aplaudir, que gritar de vez en cuando “eimen” o “aleluiah”, abrazarte y besarte con gente desconocida además de escuchar los aullidos y llantos de los fieles compenetrados y ser testigo de un par de transes pseudo-epilépticos.

Pero la energía que transmite el coro vestido de negro y rojo es súper contagiosa y seguro te va a ayudar a encarar mejor el lunes. Además, el abanico que te regalan para amainar los calores durante las dos horas del servicio es impagable y se convertirá en un adorno kitsch infalible de cualquier casa que bien lo amerite (como la tuya).

Friday, 17 December 2010

Get yourself a friend




Sucedió hace más de un mes. Era el domingo en el cual se celebraba la maratón de New York y tu hubby –angustiado por no poder correrla- sugirió ir a verla. Le hiciste caso a regañadientes (if there’s no point in running it, why would one want to watch it?) y al final te lo tomaste como un paseo familiar. Otra vez al Central Park con el cochecito en una mañana soleada.

Cuando tu marido se enteró que para pasar las vallas de seguridad había que tener un permiso especial, al igual que para poder entrar al circuito, se le nubló la vista de la decepción. Quisiste seducir a un policía para que lo dejara pasar, pero parece ser que ni tu físico ni tu mirada conservaron el encanto que solía abrirte algunas puertas antaño.

Mientras deambulabas por los alrededores, tratando de convencerlo de abandonar el plan y mientras devorabas tu segundo pretzel dominical , escuchaste que alguien te llamaba desde una carpa llena de promotoras de la aseguradora que sponsoreaba la carrerita. Era una chica que había estudiado con vos en el Máster de París, estaba efervescentemente entusiasmada con encontrarte (“What are the chances?!”), y tuvo que repetir tres veces su propio nombre cuando te pidió que anotaras su número de contacto porque vos no te lo acordabas ni de casualidad.

Después de muchas idas y venidas, por fin quedaron hoy para almorzar. Fuiste a desgano, convencida de que ibas a una comida con una loser (¿quién sino repartiría camisetas un domingo de maratón?) y metiste la pata enseguida cuando le preguntaste por su familia en Etiopía.

Resultó que de ahí no era, venía de otro país africano cuya existencia desconocías, y entre los diferentes idiomas que hablaba se encontraba su lengua materna, el tigriña. Pidió de comer ropa vieja, y a los veinte minutos de charla dejaron las formalidades del updating necesario y pasaron a la charla de nenas. De esas que no tenés hace siglos con nadie. Face to face, con un adulto que no es tu marido, riéndote y contando anécdotas.

What were the chances, indeed?!


Thursday, 16 December 2010

siGnS


Empezar el día a las 7 am limpiando vómito de La Pitufa me deprimió lo suficiente como para que mi marido se ofreciera a llevarla al Day Care. En cuanto se fueron y me dejaron sola, con mi soledad y la casa en peor estado que Bagdad, decidí que hoy no iba a comenzar el día limpiando y ordenando. Y así fue como antes de las 9 de la mañana me encontraba enchufada a Netflix mirando Julie & Julia, una peli sobre una bloggera que llega a real writer, cocinando recetas francesas de un libro publicado en la década del sesenta.

No es la primera vez que me asaltan mensajes encriptados en forma de guión. Esta vez entendí perfectamente que si no aprendo a cocinar nunca voy a hacer feliz a mi hubby y que jamás llegaré a ser escritora, entre muchas otras cosas.

Tampoco es la primera vez que me pongo una película antes del mediodía.

Ya sé que más de uno –si es que todavía alguien me lee- estará gritando “¡Nena! ¡Estás en New York! Do something!”. Y sí, por unos segundos tuve la idea de ir al Empire State Building a congelarme en la cola durante un par de horas para pagar veinte dólares y maravillarme con las mágicas vistas de la ciudad. Pero como que me dio fiaquita ir sola.

La semana pasada, en un martes bastante sombrío –psicológicamente hablando, aclaro, de esos días que meterías la cabeza en el horno a gas- me vi dos pelis seguidas. Y las dos tenían protagonistas que no hacían nada. De sus vidas, digo. Na-da. No laburaban. Uno pasaba el tiempo jugando al bowling, el otro mirando tele y saliendo con madres solteras. Ambos, cuando otro personaje les preguntaba a qué se dedicaba, respondían “nothing”, como yo.

A veces me pregunto si quizás es por eso que la gente no se me hace amiga. ¿Cuán interesante puede ser una persona que no hace NADA en todo el día?

Pero si hablamos de identificarse plenamente con un personaje, he de nombrar una producción argentina titulada “Un novio para mi mujer”. La vimos el viernes pasado y ella es tan igual a mí que me dio miedo (y a J quizás más). La protagonista –otra que no hace nada de su vida- es una mala onda total y putea contra todos y todo, las veinticuatro horas. A real bitch. Al marido le quema el cerebro constantemente. Y por supuesto, la pareja se va a la mierda.

Bueno, basta, me voy a pasear porque sino en cualquier momento enchufo el taladro y me perforo la sien.  O me pongo a limpiar, que es peor que el suicidio mismo. Los dejo. En una de esas hasta me subo al bus turístico que recorre todo Manhattan… ¡Qué flor de programón!

Wednesday, 15 December 2010

Every girl gets her DANCHI in the end




Cuando era chiquita un buen día le pregunté a mi abuela si en Japón había castillos porque Danchi Takinami quería casarse conmigo y como yo era una princesa, antes de darle mi consentimiento necesitaba saber si en su país de origen tenían viviendas dignas para mi condición. 

Delirio de realeza galopante.

Supongo que la abuela me habrá dicho que sí, porque desde que tengo uso de memoria Danchi fue mi “primer novio”, en el jardín de infantes. Nos dábamos las manos en los recreos, nos sentábamos uno al lado del otro en los asientos del micro escolar y hasta dormimos en la misma habitación en el viaje de egresados de la sala de 5, gracias a que la directora era mi abuela y consentía cada capricho que yo le pidiera.

Los años fueron pasando y aunque ya no nos dábamos la mano, en mi mente y en mi corazón Danchi seguía siendo mi novio. Aunque del tema no habláramos, como me convidaba a mí sola esos negros papelitos crujientes con gusto a mar que él llamaba golosina japonesa, para mí era obvio que él gustaba de mí.

Por lo menos eso creía yo, hasta que un buen día –ya con diez años de edad- escuché que Danchi estaba enamorado de una alumna nueva. Y me rompió el corazón. Más que nada porque me quedaba ese gustito amargo de la asignatura pendiente: nunca nunca nos habíamos besado.

Con el tiempo Danchi se fue alejando de mi vida y el beso que nunca me dio fue adquiriendo dimensiones traumáticas. Uno de mis sueños recurrentes es que por fin nos besamos. Sin ir más lejos, anoche soné que Danchi Takinami se aparecía en mi balcón (un balcón que por supuesto no existe porque soy pobre), me besaba apasionadamente y me secuestraba de New York.

En la sala del Day Care de La Pitufa hay doce nenes y siete nacionalidades diferentes. Aunque su nombre no lo indique, el pequeñín Andersen es de origen japonés y en la foto grupal que tenemos en la puerta de la heladera está justo detrás de mi hija (yo en cambio, en la única foto escolar que conservo, me encuentro detrás de Danchi). Cada vez que lo veo, obviamente pienso en mi primer novio, y me invade una mezcla de ternura y frustración.

Por un lado me causa gracia pensar en que la historia se repita. Pero la verdad es que sentí un gran alivio (y porque no confesarlo, una gran sensación de victoria también), cuando ayer la fui a buscar al Day Care y me contaron que La Pitufa había besado a Andersen en la boca.

Como dicen por ahí, una generación siembra lo que la siguiente recolecta. O algo asi…