Me hago amiga de otras madres. Así de desesperada estoy. Me hago amiga de las madres del Day Care Center. En cada oportunidad que puedo.
Nada más patético.
Con la excusa del desfile de Halloween nos juntamos todas para seguir los pasos de nuestros enanos disfrazados que marchaban desganadamente por la avenida Broadway. Y mientras esperábamos que el evento comenzara, se armó rondita y empezó la charla.
La madre del rusito feo -al que odio no sólo por feo sino porque además le dio un martillazo en la frente a La Pitufa- no paró de burlarse de las vestimentas de “Minnie Picarona” de las teachers regordetas de la sala de dos.
La española se disculpó por el costume cutre de su hijo y acusó de inapropiada a la directora por imponer semejante acto ridículo y poco acorde con los tiempos de los padres.
Yo asentí, le dije que estaba de acuerdo y de paso comenté que no tenía tiempo ni para ir a la peluquería a cortarme el pelo (cuando en realidad lo que no tengo es plata para teñirme los cabellos).
La taiwanesa se perchó en la conversación, criticando el mejor hair salon del barrio y la francesa se mal copó, sugiriendo que entre todas paguemos el pasaje de una hairdresser inglesa que ella conoce y que vive en Londres, para que venga a tratar nuestras preciadas cabelleras a la Gran Manzana.
La única que pensó que esto último era una broma fui yo, deschabándome con un “pff” y una carcajada que todo el resto juzgó silenciosamente fuera de lugar.




