Friday, 25 February 2011

The Language of Love

 
Para el lunes de San Valentín, el Day Care de La Pitufa proponía un Pajama Party diurno, organizado con bastante antelación. Había que vestir a los nenes en pijama con su pleuche preferido, decorar una fotocopia de un corazón con toda la familia, y llevar un treat para repartir a los compañeritos de la sala.

If you want to bring a treat, let us know” decia la notita que nos habían repartido unos días antes.

Yo ya había lavado el enterito de animal-print con mangas fucsia que usa mi hija para dormir calentita,  además de obligarla a pintar el corazoncito en cuestión con finger-painting  de colores varios. Para el treat tenía pensado llevar una caja de doce alfajores, pero tuve que cambiar el plan al verificar -no sin gran asombro el domingo por la noche- que La Pitufa y su progenitora (o sea yo misma) habíamos liquidado la totalidad de los Havanna en un solo fin de semana.

Y antes que ir con las manos vacías, preferí inventarme la mejor de las excusas. Que mi marido había cocinado un pan d’epice (verdad) para dicha ocasión (mentira), pero que como él no estaba al tanto de la prohibición de consumir cualquier tipo de frutos secos en el Day Care (nut-free school se hacen llamar estos tarados) le había puesto nueces (verdad) y que cuando yo me di cuenta decidí no llevarlo a la escuela, por supuesto.

Todo esto repetí, en inglés obviamente, cuando el Día de San Valentín les entregué a La Pitufa-leopardo muy maldispuesta a jugar con un sorete disfrazado de rusito feo con pijama marrón y mocos colgantes. La teacher puso cara de desconcierto descomunal, y cuanto más yo trataba de aclarar las cosas –gingerbread, nuts, treat-, más trastocados se ponían sus gestos faciales. Por fin llamó a la auxiliar bilingüe que me hizo de traductora: “She no brong the gingerbread treat ‘cos she dont’ wanna bring nuts”, le explicó en un inglés más de su Queens natal que de la reina, mientras yo me escapaba de tal ridícula escena.

Cuando por la tarde la fui a buscar, La Pituf vino corriendo a abrazarme todavía empiyamada. En la mano traía una bolsita nefasta de Dora La Exploradora: “That’s her treat sack”, me aclaró la teacher mientras le ponía la campera. Adentro había un chocolatito y tarjetitas de enamorados de parte de todos y cada uno de sus compañeritos. O lo que ellos llaman un Valentine’s treat y que poco tiene que ver con los productos comestibles que yo me había imaginado


Saturday, 19 February 2011

Bonus Track




Así de glamorosas y pulcras son las pocas montañitasas de nieve que quedan por el barrio.


Friday, 18 February 2011

Like an army defeated, the snow hath retreated

Jamás me hubiera imaginado que yo podría decir algo así, pero extraño la nieve. Lo admito. Y no hablo de una nevada cualquiera. Quiero que la vista desde mi ventana vuelva a ser esto:

Cuando la calle estaba más bloqueada que Cuba en los sesenta y el snow removal tractor se acobardaba cada madrugada en la esquina. Cuando querías salir de tu casa y tenías que trepar incompetentemente la escalera, hundiendo las piernas hasta más arriba de la rodilla y abrazando la baranda con pasión excesiva. 

Cuando te despertabas muy temprano y lo primero que hacías era encender la compu y lo último que querías descubrir era un email con el título School is closed today, el cual invadía tu casilla impertinentemente. Cuando no sabías qué hacer con La Pitufa todo el día encerrada, porque salir con el cochecito era una misión imposible. 

Cuando la casa empezaba a oler a podrido porque no se podía sacar la basura (estando los containers totalmente bloqueados, bajo un par de metros de nieve) y la calefacción se condensaba en la atmósfera putrefacta. 

Cuando el fin de semana llevabas a La Pitu a Central Park con sus botas de esquí violetas y su trineo naranja, y te tirabas desde lo alto de una colina dándole un chute de adrenalina a tu vida, como pocas veces lo harás en lo que resta del año.

Hoy hace diecisiete grados y es un día desmoralizantemente gris. Los escasos montículos de nieve que había en las veredas se derritieron por la noche, dejando al descubierto mucha mugre, bastante desperdicios, y alguna que otra bestia. La de la puerta de mi casa se ve así y me parece que no habla inglés…



Tuesday, 15 February 2011

Brainwashed



Vuelvo y conecto con la realidad. Lo cual quiere decir básicamente que retomo mis actividades de interpretación como voluntaria en el hospital. Y el rendez-vous de hoy amenaza con ser de lo más divertido: dos psicólogas americanas coordinan un grupo de pacientes con síndrome post-traumático, enseñándoles tácticas para lidiar con la angustia y el stress en la vida cotidiana. 

Todos  estos pacientes son francófonos, y por esas vueltas que da la vida, la traducción instantánea me toca a mí (la única boluda de la lista de voluntarios dispuesta a exponerse tres horas a semejante actividad).

Después de presentarnos con nuestro nombre y origen –los “wow” y “arshentina-maradona” no faltan cuando me toca hacerlo-, la psicóloga número uno comienza con el primer ejercicio. Les reparte pulseritas de goma con las inscripciones  EARTH WIND WATER FIRE y va relatando diferentes maneras de usarla cuando uno se siente mal. Cada elemento representa una actividad física o mental a realizar en los momentos de bajoneo diario. El del agua es por supuesto beberla para refrescarse y “limpiarse” (o sustituirla con un chicle, bien a la americana), el del viento tiene que ver con la respiración.

De l’eau. Bla bla bla.La Terre.

Le vent. Bla bla bla. Le Feu.

Y ahí estoy yo, frente a todos estos desconocidos, retomando las explicaciones y las dudas en dos idiomas ajenos, y repitiendo  con mi cuerpito sudaca la mímica de cómo relajarse y exhalar. Me resulta difícil concentrarme porque no almorcé, y el hecho de que una de las profesionales tenga nombre de galletita argentina me distrae en demasía. Cuando la panza me hace ruido, pongo cara de póker.

Para terminar, la psicóloga number two propone que cada participante recorte imágenes de revistas y las pegue para hacer un collage de la esperanza. Tienen que encontrar fotos que representen un futuro posible. Mientras todos se implican activamente con las tijeras y las revistas, la psicóloga número uno reta a la otra (¿residente, quizás?) porque en todas las magazines que repartió hay sólo imágenes de modelos o de gente blanca. Tengo una suerte de déjà vu. La psicóloga number two levanta la vista para comprobar que está rodeada de african-americans (como se dice aquí para ser políticamente correctos) y sale de la sala corriendo. Vuelve a los cinco minutos con una pila de National Geographics.

Por fin vamos cerrando el encuentro, luego de compartir historias, anécdotas y sentimientos varios. Mi sensación es que mi cerebro se convirtió en un calcetín escurrido que necesita ir al ténder urgentemente. Antes de partir alguien me recuerda que es San Valentín.

Cierto. Además de cerebro tengo corazón. Pero él hoy no está. Ni tampoco me dejó lo acordado.

Vuelvo a la mesa y me llevo una de las pulseras…

Friday, 11 February 2011

Champú Therapy




TODO se cura con una buena botella de champagne que se abre a eso de las seis y media de la tarde, justo-justo unos segundos antes de quebrar por el día de mierda que tuviste. 

To-do.

Como por arte de magia se te va el panic-attack de “no llegamos a fin de mes”, la rabia de haber pasado tres horas y media en la sala de un hospital público porque por un error humano ellos pensaron que eras una sudaca tuberculosa, y la depresión profunda de ver que tu experiencia neoyorquina sigue siendo la misma poronga que antes de las vacaciones.

Con la tercera copita burbujeante hasta te ponés a cocinar una tarta que por supuesto te va a salir para el carajo, pero no te importa. Recibís a tu hubby de un humor increíble y te das cuenta que si La Pitufa escupe lo poco que ingiere te chupa atómicamente un huevo y la mitad del otro (lo mismo sucederá con si se duerme o no).

Esa noche feliz se te va de las manos como una estrella fugaz, pero por lo menos te queda un estupendo recuerdo (y otra botellita de Taittinger Prestige Rosé que ya pusiste en la heladera).


Tuesday, 8 February 2011

Push Push




Y caes en la cuenta de que el cochecito en cuestión te sigue generando la misma sensación que al principio. Mixed  emotions: una mezcla de violencia y fascinación que no se va. Ni aunque veas pasar cuatro o cinco por cuadra cuando caminas todas las mañanas hasta el Day Care. No te podés acostumbrar ni de casualidad. 

Como si fueran pequeños tanques de la  armada americana, te da la impresión de que arrasan con todo lo que se interponga en su camino. Y a la vez son tan trendy que por momentos te invaden las ganas de subirte a dar un paseo.

Un pibe adelante y otro atrás. Así de prácticos son ellos, así de cancheros.

Adaptarse al paisaje lleva tiempo y en algún momento –te decís- vas a parar de dar vuelta la cabeza cuando pasen a tu lado y así dejarás de parecer una turista cualunque. Que ya va siendo hora…

¡Que no decaiga la madre del Upper West, y que tengamos Phil and Teds por muchos años más!

Monday, 7 February 2011

Por Adelantado






Como sabés que -en general- los hombres mucho no piensan, le empezaste a hablar de Valentine’s a principios de mes. Más que nada porque si al final van a hacer algo para celebrarlo, tenés que buscar una niñera soltera que todavía nadie haya contratado. Y también para ayudarlo a que se le encienda la lamparita romanticona y mueva un poco el culo para reservar una mesa en un lindo restaurante del Village moderno pero no tanto. 

¿Si no te ilusionás ahora que vivís en el-país-que-toda-celebración-comercializa, cuándo lo vas a hacer?

Pero la sorpresa del Día de los Enamorados te llega por adelantado. Justo una semana antes. Tu esposo es un divino total: te dice que al final el 14 de febrero no va a estar, que se va 5 días al otro lado del planeta, así que la cenita del amor no va a poder ser, que la hacen a la vuelta.

Y para comunicarte todo esto te manda un mensajito a tu teléfono móvil.  Un regalito inesperado en forma de sms. Solo le falta el moño colorado. 

Tu marido es un tierno total, ¡a que sí!

Un tierno y un naive. A lo bestia.

¡Ja!

¿Se piensa que así de barata la va a sacar, tan solo posponiendo la cita?

Ni lenta ni perezosa respondés a su texto: una tele de plasma y conexión al cable antes de subirse al avión. O eso, o no hay viaje. Y te importa muy poco que te tilde de materialista.

Girl Power, que le dicen…