Monday, 31 January 2011

Who in the land is fairest of all?




En mi barrio están por doquier –por lo menos uno por cuadra- y en verano estallan de clientas. Nail Salon es el nombre oficial; Manicure-Pedicure, el que usamos todas. Son locales con grandes vidrieras a la calle donde empleadas asiáticas te reciben detrás de una mesita para hacerte las manos, o a los pies de un sillón masajeador para pintarte las uñas de los toes con el esmalte que hayas escogido a la entrada. Hace unos meses lo que más se llevaba en los pies era el fucsia o el turquesa.

Entonces entrás, agarrás el frasquito del color que más te plazca, y empezás con las manos. A la mitad del proceso, la china de turno te grita “pay now” mientras te señala un cartel donde se lee “tip not included” y vos le pagás y le das la propina en ese momento porque después no vas a poder tocar nada de nada  (y obvio que propina de  mierda no le podés dar porque si no te pinta para el orto). Luego pasás al sillón-paraíso y elegís el programa de masajes que prefieras, mientras la china number two te hace los pies y trata de convencerte para exfoliarte las plantas y el talón con una especie de cepillo que parece un rallador de queso por el módico precio de cuarenta dólares.

Si tenés mucho tiempo al pedo y los vellos largos, también podés pasar al camarín waxing, donde detrás de una cortina roñosa te depilan de a dos: una con la cera, la otra repasando con la pincita. Es muy importante aclarar qué zonas deseas hacerte –se recomienda acompañar la explicación con mímica- porque estas mujeres lampiñas por naturaleza no se bancan  ni medio pelo fuera de lugar y son capaces de arrancarte sin tu autorización todos los vellos que ellas deseen sin preguntarte (aunque después protestes casi llorando al son de “I’ve never done that! I haven’t asked for it!”).

Salís sintiéndote la diva del barrio, habiendo desembolsado una importante cantidad del income ajeno, y en el camino de vuelta pasás por la peluquería y pedís cita para el día siguiente, tal cual lo hace cualquiera que se digne a asumirse como auténtica ama de casa del Upper West

Wednesday, 26 January 2011

Mastercard



Botas de nieve cancheras y canadienses para madre: setenta dólares.

Tall Caramel Macchiato de Starbucks con el nombre de la bloggera destinataria pésimamente escrito:  cuatro dólares con ochenta y cinco centavos.

Enterito de esquí fucsia, marca Ralph Lauren, comprado en Sacks online para la Pitufa: ciento treinta.

Cruzarte con Yoko Ono cuando paseas por Central Park: priceless

Tuesday, 25 January 2011

A Ghost Story




El único aspecto positivo del  tema es que -al ser una tragedia colectiva- al final terminás haciendo amistades con los vecinos. Esa gentuza que apenas habías visto en siete meses en tu edificio fantasma, ahora son amigotes en potencia, y todo gracias a Christopher y su torpeza al reparar la caldera.

Te congelabas ahí, en tu propio hogar, sentada entre tu madre y tu hija – ambas dos desmesuradamente arropadas- cuando te diste cuenta que terminar con tu vida clavándote la tijera Tramontina en la vena yugular no era el espectáculo más apropiado ni para tu progenitora ni para tu dulce retoño. Entonces decidiste actuar y saliste a las escaleras para averiguar qué pasaba.

Primero te topaste con Russell, el sesentón soltero del último piso, quien te confesó que huía al Museum of Natural History. Que en realidad lo odiaba, al igual que a todos y cada uno de los animales embalsamados de sus vitrinas, pero que se estaba volviendo loco del frio y de la furia contra el inepto del portero. Que, by the way, qué rico olor que sale cada noche de tu depto, que qué buena cocinera debés ser. Le explicás que no sos vos, sino tu  marido, te felicita por el good deal que hiciste al casarte y casi sin darte cuenta lo invitás a cenar la semana que viene.

Al rato pasa la chica del tercero, hablando por su móvil en tu idioma con un acento más que madrileño. Corta para preguntarte si sabés dónde está el hijo de puta del super, le contestás que no en castellano, y en menos de lo que canta un gallo están hablando de su país natal –España- y de cuánto se lo extraña. Te dijo que pasa a tomar un café  un día de estos. Ah, y que se llama Noemí. 

Luego apareció Tom, el vecino de enfrente, que se mudó hace poco y a quien tuviste el gusto de conocer una noche en que se activó la alarma de incendios que comparten en el hall. El estaba en calzoncillos y camiseta sudada, y te contaba cosas inentendibles mientras desarmaba el artilugio. Ahora está abrigado hasta el caracú, putea en un inglés british impecable, y cuando pronuncia la palabra “boiler” se te pone la piel de gallina y morís de excitación. Te advierte que si encuentra al retardado de Christopher lo mata, y que pases a tomarte unas beers cuando te apetezca.

Volvés a tu casa sin noticias sobre la caldera, pero con el cuore calentito de ansiedad relacional. Quién te dice, 2011 puede llegar a ser un gran año…


Monday, 24 January 2011

Home Sweet Home

Lo bueno de volver a New York es que cuando llegás hace doce grados bajo cero y en tu casa no funciona la calefacción y tampoco hay agua caliente.

So glad I'm back!

Thursday, 13 January 2011

Confesión-Deseo

Cuando sea grande quiero ser Nick Hornby y escribir “Cómo ser buenos”.

¿Es mucho pedir?


Tuesday, 11 January 2011

Why not?



Mientras sigo de vacaciones y posteando como una twittera cualquiera, quiero dejar constancia tardía que el sábado 20 de noviembre en la esquina de mi casa vi a la señora Catherine Zeta Jones y a su querido marido, Michael Douglas, paseando perro e hijo en monopatín.

El lunes 22 por la mañana, en la puerta de mi edificio, me topé de vuelta con ella - embutida en calzas brillantes negras y aires de diva- y por un momento pensé que igual terminábamos amigas (muy a pesar de nuestras evidentes discrepancias a la hora de vestirnos).

Friday, 7 January 2011

A kiss is a kiss



Aunque piensen que estoy inventando, quiero contarles que la teacher gordeta del Day Care se despide de mi hija con un beso en la boca.

Un pico le da.

Y yo no sé cómo hacer para que abandone el hábito.