Friday, 26 August 2011

Se Viene Irene




Yo, hace tres días exactos, tuve que salir corriendo de mi casa porque pensé que se venía abajo el edificio. Toda sudada, todavía con la ropa del gimnasio puesta, al borde de subir a ducharme cuando de repente siento como todo el suelo se balancea de lado a lado, como si fuese una torre de naipes que algún niño travieso mueve con un dedo.

Me enteré de lo que había pasado porque me llamaron de la otra punta del planeta para informarme. Mi papa curioso y negador, madre a llanto pelado urgiéndome que la vaya a buscar a La Pitufa al Day Care.

Y como obediente parece que soy, caminé tres cuadras, le avisé a la directora que me la llevaba, la desperté de su siesta y nos fuimos a Central Park. A jugar al arenero y a matar el tiempo.

Pero la verdad es que la ciudad no pareció  inmutarse con el temblor.

Ahora dicen que nos organicemos porque el finde nos toca un huracán. Que vayamos preparando un refugio y almacenando provisiones. Prepare for the worst, hope for the best, dijo Bloomberg. Por lo menos no uso el verbo pray.

Otra vez, obediencia obliga, voy al súper y compro jugos, atún en lata, compota, leche, cereales, y las cinco últimas botellas de agua que quedaban.

A la tarde me toca convertir el baño de mi hija en un bunker, con linterna y todo.

Todavía me falta conseguir el silbato. Y algunas cosillas más…

¿Alguien se acuerda cuál era la gracia de mudarse a este país?

Friday, 19 August 2011

Shake your Bootie





Graham vive en Roosevelt Island y hace más de treinta años que es el rector de un colegio religioso privado en New Jersey. Es un WASP completamente calvo y lleva gafas que sólo se saca a la hora de dormir. Como durante el verano se aburre bastante, decidió anotarse en el gimnasio. Se compró unas calzas negras y una musculosa de mujer violeta-transparente para comenzar las clases de dance-fitness, en el sótano de un gym perdido en el Upper West.

Rebecca se acaba de estrenar como bisabuela. Desde que se jubiló se inscribió en una serie de actividades diarias para llenar su tiempo muerto. Es voluntaria en un jardín de plantas comunal  del Lower East Side, estudia la kabbalah en el Jewish Community Center y tres veces por semana juega al Bridge con unas amigas. Los viernes por la mañana cuando se prepara para sus clases de dance-fitness, Rebecca se calza un vestido de tenista adolescente.

Saahir está harto de que su vida se limite al campus universitario. Además, en agosto la residencia está casi vacía y sus compañeros de la carrera de IT no vuelven hasta la primera semana de septiembre. Se pasa el tiempo libre “programando” o resolviendo desafíos tecnológicos que algún otro nerd aburrido colgó  en la web. Las clases de dance-fitness las encontró por casualidad, online, mientras googleaba el nombre de un coreógrafo de Dancingwith the Stars. Y aunque las nueve y media de la mañana al principio le pareció demasiado temprano, por fin se puso su equipo de basketball y una vincha fucsia sobre la frente y allí fue.

Y por último vengo yo, con un par de kilos de más, buscando algo que no sé muy bien qué es. Lo que llevo puesto es muy poco deportivo y la marca de la almohada sobre mi perfil derecho me confiere un aspecto mucho más patético del que normalmente tengo. Y me ubico detrás de Graham, entre Saahir y Rebecca. El profesor –marica por supuesto- entra y comprende que le tocó un grupo de losers matutinos. Se bebe una lata de energy drink de un saque, pone Britney a todo volumen y comienza con una serie de movimientos que ninguno de los participantes logramos seguir.

Pero no es tan grave. “Lo importante es divertirse”, dice el profe, antes de empezar con un playback sin fin que sólo va a interrumpir cuando nos grite Show me some attitude!, mientras nos hace menear el pecho y/o la cola.

En algún lugar del mundo, estoy segura, hay un director de casting que nos está buscando…

Valemos oro.


Friday, 12 August 2011

No Kidding




Y se me viene el cumple de La Pitufa. Tres años ya. Edad más que digna para que empiece a “celebrar”, con todo lo que esa palabra implica en los Estates: las bolsitas con sorpresa para repartir a los niños, los balloons de Dora The Explorer, los peanut-free snacks y los juguitos orgánicos. Como mínimo.

Lo que me falta es el lugar, porque mi diminuta casa no da.

Y entonces me pongo a buscar. Y se me ocurre que estaría bueno festejarlo en la terraza trasera del Museum of Natural History. Esa que está escondida entre el parque y el centro espacial, y que no mucha gente conoce. A La Pitufa le encanta ir en verano a jugar con el water sprinkle y la piletita que se arma en la pendiente de acceso. Además queda cerca de casa y tiene una zona de mesas con sombrillas. Y mucho césped… ¿Qué más se puede pedir?

Me contacto con el museo. Llamada va, llamada viene, que tengo que escribir a la responsable de los private events, mail va, mail viene y por fin le pido un precio para la locación de la fiestita infantil.

DIEZ MIL dólares, me pasa.

3.500 de membership y 6.500 por el derecho a usar la bendita terraza. Por tres horas solamente.

¡Ja!

De no creer, ¿no?

¡Que se me caiga la lengua a pedazos y no la pueda rejuntar si miento!

Wednesday, 3 August 2011

Beat That!




Entrás al cine y te comprás una coca chica. El vaso que te dan tiene, fácil, un litro de bebida. Pagás y ya estás por subir las escaleras mecánicas cuando decidís volver sobre tus pasos y comprarte un paquete de popcorn. Está calentito y vas al dispenser del mostrador de la esquina y le agregás manteca líquida.

Apretás el botoncito bastantes veces. Total no estás acompañada y no hay nadie que te regañe.

Una vez más.

Por fin llegás a la sala y te sentás en la butaca. Habrá un total de cinco espectadores y la edad media no supera los quince años.

Se apagan las luces y empieza la última entrega de Harry Potter.

De la ansiedad que tenés, ingerís todo lo que está a tus manos en menos de cinco minutos.

(How pathetic is that!)

Ah, y el reloj marca  las diez y cuarto de la mañana...

You are definitely back.