Monday, 16 May 2011

Echale la culpa a Williamsburg



Una japonesa y dos hermanos gemelos italianos. El ménàge a trois artístico que faltaba en mi vida. Y además como viven en Brooklyn, los Blonde Redhead son ultra cool. La combinación mágica para convocar un público cancherito que se piensa que está viendo al mejor grupo musical del siglo. Y ahí, entre los fanes en transe  que revientan la sala Terminal 5, me encuentro yo… ¿Por qué?

Todo comenzó el pasado fin de semana, cuando tu marido te llevó de paseo por Bedford Avenue, al más trendy de todos los barrios neoyorquinos: Williamsburg. O mejor dicho, el lugar de la gente con onda. De las mujeres que se ponen tights amarillas con vestido violeta y sombrero de arpillera, de los chicos con camisa escocesa y barba desprolija, de las familias con bicicleta, de la juventud innovadora que vende remeras hechas con bolsas de basura.

Y respirar tanta libertad estética a veces hace mal. Porque después cuando volvés al Upper West y ves en cada esquina un nail salon en vez de un cafecito retro con jardín kitsch, te querés matar. Y por Amsterdam Avenue te cruzás con todas esas amas de casa clasicotas y te das cuenta que son tu espejo y te agarran unas ganas locas de romper el lease de tu departamentito y  mudarte inmediatamente a una usina reformada de Willy.

Al hubby le pasó algo parecido. Y en menos de lo que canta un gallo ahí estaba él, cortándote el pelo para darte un look más moderno, para "ayudarte" a recuperar la onda perdida, y en cuanto termina, va como un desenfrenado cualquiera a su compu y compra on line dos billetes para el recital de los Blonde Redhead.

Una semana más tarde, ahí estás, acompañándo a tu amor a ver a este trío imposible, cruzando los dedos para que este sea el remedio que calme su sed de modernidad. El hecho de que la cantante emita sonidos cetáceos y de que los instrumentos acoplen adrede te indica  que hay grandes chances de que un par de horas del espectáculo lo apacigüen por un tiempo. Así que sonreís y hacés como que disfrutás de esta banda no wave, sacudiendo lo que te queda de cabellera.

Friday, 13 May 2011

Have fAn (or when the shit hits it)!




¿Viste los ventiladores de techo que tienen una luz abajo? ¿Esos que siempre pensás que se van a caer y te van a decapitar? Bueno, a las 00:03 horas del día de hoy, el bowl de vidrio que cubre la fan light se desplomó, así, de la nada, reventándose contra el suelo de tu living, haciéndose añicos como diría un centroamericano cualquiera, estrellándose contra el parquet en mil y una astillas de cristal.

Exactamente quince segundos luego de que pasaras por debajo, cuando llevabas el biberón del cuarto de La Pitufa a la cocina, después de haber finalizado la tediosa vista de una películaporno japonesa disfrazada de clásico asiático.

No es de extrañar que te cueste dormir tras haber limpiado minuciosamente la zona del accidente. Si el desafortunado incidente hubiese sucedido tres horas antes, te desfiguraba la cara de tu hija, por no decir que te la dejaba ciega.

Muy mal rollito.

Una sensación horrible que todavía sentís en todo tu cuerpo cuanto te levantás a las seis de la mañana cuando La Pituf te despierta porque quiere hacer caca en el inodoro.

Maldito potty training.

Por supuesto llegan tarde al baño y cuando le sacás todo lo que hay que sacarle, ella ya está en el medio del acto, y muy bien no sabés  cómo sucedieron las cosas, pero al cabo de treinta segundos la piba te untó caca en el camisón, pisó el pañal sucio, embadurnó la tapa del WC con más materia fecal, y terminaron las dos en la bañera (cuyos laterales también acabaron embarrados de mierda).

Por fin, luego de mucha guerra, estás lista para salir. Agarras el iPhone y ves que es VIERNES 13. Y te acordás que de este lado del mundo hoy es un día de mala suerte.

Claro, por eso pasa lo que pasa.

Obviamente, te vas a tomar el metro y vas a explotar en chiquicientos trocitos cuando algún ahijado de Osama detone una bomba casera en tu vagón.

La clave para sobrevivir a esta realidad tan horrenda está en ponerle pecho a la vida como si nada, casi un poco resignada, cuando pisás el campo de batalla.

¡Qué venga lo que venga!

Thursday, 12 May 2011

Bestiario under




Hoy a la mañana me agarró otra vez, dándome la mano al son de “¿cómo anda, amiga?”. Carlitos -el nuevo super- estaba en el hall, al lado de la puerta del depto del dueño del edificio, la cual estaba entreabierta. Nos pusimos a charlar de este veranito manhattiano y como me pescó un par de veces espiando a través de la apertura, volvió a insistirme con una visita guiada por el palacio ajeno.

Y aunque sí me dio un poquito de miedito terminar siendo violada por la versión humana del osito Pooh, le conteste que sí y entramos…Después de todo, un poco de espíritu aventurero no le hace daño a nadie, ¿no?

Debajo de mi casa, descubrí, se esconde una especie de mansión disimulada. Los mármoles no faltan, y el color dorado abunda. Pertenece, sin duda, a una familia de nuevos ricos (como diría mi abuela), y tiene -por lo menos- trescientos metros cuadrados. Dos salones, cuatro habitaciones, playroom y cocina, patio, jardín y terraza. Detrás de unas paredes que cualquiera diría esconden el típico diminuto studio del Upper West, se encuentra esta joyita que “los señores” usan un par de veces al año cuando vienen a la ciudad. El domicilio permanente se encuentra en Long Island.

Lo más impresionante es que toda la casa está decorada con animales embalsamados. 
Reales. 
De los verdaderos. 

“El hombre es cazador: ¡si vieras la cantidad que tiene en su rancho de Montana!”, exclamó Carlitos mientras me hacia el tour. Un puma en un estante, dos bueyes y cinco antílopes en un muro, un león y tres jabalíes en el otro, una alfombra de un oso blanco y en el centro del living –debajo de un vidrio- un cocodrilo.

Carlitos se acercó a una cabeza de tigre que había al lado de la escalera, lo acarició y lo besó. “A mí me da una pena”, murmuró con suma tristeza. Parecía tan afectado que casi lo abrazo para consolarlo. Pero en vez de eso trate de distraerlo con un “A mi hija le encantaría ver estos animales…”, tirandome un lance sumamente directo.

“Faltaba más, amiga, me avisa y se lo mostramos”, soltó entusiasmado como disfrutando auténticamente de la posibilidad de hacer feliz a una criatura.

Quedamos en ir mañana por la tarde.

Y yo feliz, la verdad, ahorrando los 16 dólares de la entrada del zoo...

Thursday, 5 May 2011

De Guatemala a Guatepeor




Se presentó como el nuevo super, el otro día cuando me lo encontré en el hall limpiando. Que a Christopher lo habían echado, me dijo, por perezoso y porque algún vecino lo había delatado con el management por haber roto una ventana, no reparar bien los radiadores y tratar a los inquilinos con malos modales ( ¿me pregunto quién habrá sido el buchón?).

Carlitos se puso más que contento cuando le contesté en castellano y por un momento me dio la impresión de que iba a ponerse a dar brincos y a agarrarme las manos para hacer una ronda al mejor estilo de cualquier personaje de cuento infantil.

Su physique du role es definitivamente el de animador de muñeco de Disney trucho, como los que se ven en la Plaza Mayor de Madrid. Y su entusiasmo conmigo me hizo acordar a la reacción de Winnie-the-Pooh con la miel.

Y yo ese día fui su panal.

Me contó la historia de su familia, que sus hijos están en el college y que se la pasan de fiesta, y que él extraña mucho Guatemala, por más que lleve aquí más de la mitad de su vida. Nos quejamos juntos de los precios de Manhattan y despotricamos otro tanto contra los yanquies, hasta que la conversación derivó en el dueño del edificio y me confesó que él tenia las llaves de su departamento. Que si quería verlo que me lo mostraba, que era muy impresionante.

Le contesté que hoy no, que estaba apurada.

-          ¡Qué lástima, amiga! ¡Se va a perder de conocer a los animalitos!

Puse cara de que comprendía perfectamente lo que me estaba diciendo pero insistí con que mejor otro día. Por un momento pensé en pedirle que le mandara mis saludos a Piglet y a Tigger. Pero me acobardé y salí disparada hacia arriba, en silencio, rezando para que el oso loquillo no me alcanzara por las escaleras.

Monday, 2 May 2011

iu-es-ei!




Yo me acuerdo cuando era chica y mi tío me llevaba al Monumental a ver a River: ya sea en los pasillos, en las escaleras o en la tribuna, siempre siempre en algún momento los fanes se ponían a saltar en el lugar, apretándose unos con otros, al son de “el que no salta es un bostero, el que no salta es un bostero”. Y, siendo parte de la masa, no te quedaba otra que saltar y corear con ellos.

En este país, en esta ciudad, ayer se juntaron miles de neoyorquinos a FESTEJAR el asesinato de Osama Bin Laden. Se pasaron la noche tomando cerveza y saltando abrazados unos a otros, agitando banderitas y cantando las iniciales de su propia patria.

Me quiero ir a la mierda ya mismo (de ser posible a una ciudad donde la gente celebre otro tipo de eventos).