Los cartelitos invadieron mi cuadra un par de días antes del finde. Advertían a los vecinos que no podrían estacionar sus autos el lunes porque necesitaban disponer de la calle para la filmación de unas escenas de la serie Damages.
Groso.
Mi pasión por esta serie se mezcló con una pizca de cholulismo y con otro poco de sed de acción, y los tres elementos se inyectaron en mi imaginación, provocando cien mil y un delirios diferentes durante todo el fin de semana.
Las escenas hipotéticas de ese gran lunes que me esperaba iban desde observarla a ella desde mi ventana dejándose asistir por la make-up artist, pasando por un pedido de firma de autógrafo, y hasta –¿por qué no?- una participación como extra en el shooting.
Compartir pantalla con Glenn Close, ¿entendés?
Un poco de excitación para comenzar la semana, ¿entendés?
El lunes la llevé a La Pitufa tempranito y me asombró no ver ningún movimiento extraño. Toda la cuadra estaba tan normal y calma como siempre.
Cuando salí del Day Care vi la estación de metro de la 72, llena de luces y cámaras, preparando todo para filmar. Me acerqué un poquito y agarré a un pichi de la crew y le pregunté: “¿Pero ustedes no tenían que estar filmando en la 75?”. ¿La 75? Que no, que no: la calle 75 se usa para estacionar los autos del equipo, nada más.
Para que los técnicos estacionen sus autos, ¿entendés lo patético de la situación?


