Friday, 29 April 2011

Daño




Los cartelitos invadieron mi cuadra un par de días antes del finde. Advertían a los vecinos que no podrían estacionar sus autos el lunes porque necesitaban disponer de la calle para la filmación de unas escenas de la serie Damages.

Glenn Close, ¿entendés? La amante desquiciada de Atracción Fatal actuando acá abajo.

Groso.

Mi pasión por esta serie se mezcló con una pizca de cholulismo y con otro poco de sed de acción, y los tres elementos se inyectaron en mi  imaginación, provocando cien mil y un delirios diferentes durante todo el fin de semana.

Las escenas hipotéticas de ese gran lunes que me esperaba iban desde observarla a ella desde mi ventana  dejándose asistir por la make-up artist, pasando por un pedido de firma de autógrafo, y hasta –¿por qué no?- una participación como extra en el shooting.

Compartir pantalla con Glenn Close, ¿entendés?

Un poco de excitación para comenzar la semana, ¿entendés?

El lunes la llevé a La Pitufa tempranito y me asombró no ver ningún movimiento extraño. Toda la cuadra estaba tan normal y calma como siempre.

Cuando salí del Day Care vi la estación de metro de la 72, llena de luces y cámaras, preparando todo para filmar. Me acerqué un poquito y agarré a un pichi de la crew y le pregunté: “¿Pero ustedes no tenían que estar filmando en la 75?”. ¿La 75? Que no, que no: la calle 75 se usa para estacionar los autos del equipo, nada más.

Para que los técnicos estacionen sus autos, ¿entendés lo patético de la situación?

Friday, 22 April 2011

Detrás de aquella góndola




Sepan que hacemos las compras en el mismo supermercado  y que ayer se llevó una bolsa de zanahorias y un pack de 4 yogures.

En cualquier momento me hago paparazzi.

Thursday, 14 April 2011

Con Ese




Protesté, lloré, grité y pataleé. Después le pedí perdón y traté de convencerlo con besos. Y finalmente con un “¿No te das cuenta que es ahora o nunca?”.

Pero no hubo caso.

Me dijo que no una y otra vez. Y cuando yo ya no entendía razones me tomó la cara con las dos manos, me miró fijamente y soltó: “tenés que saberlo: creo que nunca voy a poder hacerlo”.

Agarró su valija y me dejó.

Se fue a  Las Vegas sin mí, despojándome de toda oportunidad para concretar uno de mis más viejos sueños: que Elvis Presley me case en una capillita de morondanga.

¿Alguna vez el amor de tu vida te rompió tanto el corazón?


Wednesday, 13 April 2011

Sudaca Connection


La llegada de una compañerita nueva a la sala de La Pitufa se venía anunciando hace rato. La forra de la directora nos lo contaba una y otra vez cuando nos veía, como si fuese el evento del año. La teacher estaba también muy entusiasmada ya que tener una nena más iba a compensar la sequía femenina de su clase (de once, sólo tres son mujeres, incluida mi Pitufa).

Y por fin recibimos el email : "Please help us welcome Amelia and her parents Irene and Lucas to our wonderful school."

¡Irene y Lucas! ¡Amelia! ¡Sí, sí, sí: hispanohablantes al fin! Ahora la excitadita era yo, delirando con nuevas amistades y playdates en español para mi niña.

-¡Pituf! ¡Tenés una amiga nueva que se llama Amelia y habla castellano como vos y yo!

-Y como la abuela.

-Sí, y como la abuela. ¡Qué bueno! ¿Te das cuenta? ¡Qué contentas estamos! ¿Qué le vas a decir mañana cuando la veas?

-¡Hola!

-¡Sí! ¡Le vamos a decir “Hola, Amelia”!

Y allí fuimos, La Pituf y yo, súper embaladísimas al día siguiente, al puto Day Care, con la ilusión de darnos una alegría. Cuando llegamos la newcomer ya estaba sentadita en una silla, requeté tranquila, comiendo cereales en la misma mesa que le toca a mi hija. Justo al lado del lugar de La Pitufa. ¡Qué buena señal! Vamos a ser todos amigos muy cercanos.

¿De dónde vendrá Amelia? Por la tez y la mirada, me imaginé una familia peruana o ecuatoriana. “Hola, Amelia, esta es Emma”, le dije yo en nuestra lengua materna. La teacher me miró con cara rara. Yo le sonreí y le pregunté por los padres de la peque, que quería saludarlos. Me dijo que estaban en el despacho de la forra, firmando unos papeles.

La dejé a La Pitufa con su nueva best friend y me dirigí cual bólido a la oficina de la directora. Efectivamente allí estaban, de espaldas, despidiéndose. Me asomé y después de un simpático Excuse me, entré exclamando que venía a dar la bienvenida a los padres de Amelia. Y entonces la forra me los presentó: Irene y Lucas se dieron la vuelta para saludarme.

Chinos, son. 

Chi-nos.

De la China misma.

Chinos con nombres hispanos. Porque sí.

Y lo mejor de todo es que apenas hablan inglés.