Wednesday, 23 November 2011

The Procedure



Ese sistema que tienen ellos aquí, ese sistema que tanto me malhumora, me dio las fuerzas necesarias para volver al blog.

Me refiero a esa manera tan medieval que tienen de vender medicamentos.

Supongamos que tenés un resfriado, y querés comprarte ibuprofeno. Vas a, digamos, Duane Reade (una especie de mega-farmacia-perfumería-mercado), entrás por la puerta automática, subís las escaleras mecánicas, deambulas por chiquicientas góndolas hasta que llegás al Advil de los cojones y te lo llevás.

Ningún problema.

Es una droga catalogada como over-the-counter (“ou-ti-ci” como les gusta decir a ellos) o lo que nosotros llamaríamos “de venta libre”: no necesitás ninguna receta para adquirirla.

Ahora, si el tema es un poco más serio y tuviste que ir al médico para que te hiciera una prescription para unos antibióticos, por ejemplo,  ahí estás un poquito más jodido.

Y yo te digo por qué.

No es como en Argentina, Francia o España, donde vas con tu receta y el farmacéutico te entrega la cajita de Amoxilina del laboratorio Roemmers.

Ja!

Nooooooo.

Acá vas y le das tu receta a Jayden, un joven rollizo que luce dos filas de dientes incisivos superiores (una detrás de la otra, con doble encía incluida), lleva anteojos culo-de-botella  y viste una chomba azul con el logo del local.

Jayden te comunica que -con mucha suerte-  tu medicina estará lista en media hora y después se va detrás de la barra donde:

  1. mezcla unos polvitos con sus vasitos medidores,
  2. los pesa en la balanza,
  3. les agrega unos líquidos, 
  4. se limpia un moco con el antebrazo,
  5. trasvasa la poción mágica en un frasco con tapa a rosca imposible de abrir,
  6. le pone una sticker con tu nombre y el del brebaje,
  7. espera veinte minutos mientras chatea con su móvil y luego te lo da.
Si la droga en cuestión viene en formato pastilla, Jayden debe verter las que se conservan en uno de esos tarros gigantescos de venta al por mayor -a los cuales él y solo él tiene acceso- en un recipiente más pequeño destinado al cliente-paciente.

Jayden, debo aclarar, es el mismo muchacho que podría estar detrás del mostrador de Starbucks y darte un cappuccino en vez de un Caramel Macchiato.

¿Se entiende?

Y te juro que cuando la paciente es tu propia hija, este sistema de Jaydens da mucho miedo.


2 comments:

  1. Mucho miedo es poco: terror!!!

    ReplyDelete
  2. Y seguro que para rematar te cobraron una fortuna...

    ReplyDelete