El único aspecto positivo del tema es que -al ser una tragedia colectiva- al final terminás haciendo amistades con los vecinos. Esa gentuza que apenas habías visto en siete meses en tu edificio fantasma, ahora son amigotes en potencia, y todo gracias a Christopher y su torpeza al reparar la caldera.
Te congelabas ahí, en tu propio hogar, sentada entre tu madre y tu hija – ambas dos desmesuradamente arropadas- cuando te diste cuenta que terminar con tu vida clavándote la tijera Tramontina en la vena yugular no era el espectáculo más apropiado ni para tu progenitora ni para tu dulce retoño. Entonces decidiste actuar y saliste a las escaleras para averiguar qué pasaba.
Primero te topaste con Russell, el sesentón soltero del último piso, quien te confesó que huía al Museum of Natural History. Que en realidad lo odiaba, al igual que a todos y cada uno de los animales embalsamados de sus vitrinas, pero que se estaba volviendo loco del frio y de la furia contra el inepto del portero. Que, by the way, qué rico olor que sale cada noche de tu depto, que qué buena cocinera debés ser. Le explicás que no sos vos, sino tu marido, te felicita por el good deal que hiciste al casarte y casi sin darte cuenta lo invitás a cenar la semana que viene.
Al rato pasa la chica del tercero, hablando por su móvil en tu idioma con un acento más que madrileño. Corta para preguntarte si sabés dónde está el hijo de puta del super, le contestás que no en castellano, y en menos de lo que canta un gallo están hablando de su país natal –España- y de cuánto se lo extraña. Te dijo que pasa a tomar un café un día de estos. Ah, y que se llama Noemí.
Luego apareció Tom, el vecino de enfrente, que se mudó hace poco y a quien tuviste el gusto de conocer una noche en que se activó la alarma de incendios que comparten en el hall. El estaba en calzoncillos y camiseta sudada, y te contaba cosas inentendibles mientras desarmaba el artilugio. Ahora está abrigado hasta el caracú, putea en un inglés british impecable, y cuando pronuncia la palabra “boiler” se te pone la piel de gallina y morís de excitación. Te advierte que si encuentra al retardado de Christopher lo mata, y que pases a tomarte unas beers cuando te apetezca.
Volvés a tu casa sin noticias sobre la caldera, pero con el cuore calentito de ansiedad relacional. Quién te dice, 2011 puede llegar a ser un gran año…
Qué bueno! Haz muchos amigos ya para que cuando vuelva no te encuentre tan triste...
ReplyDeletecuando venis?
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