Tuesday, 12 April 2011

High

La gordi de los pómulos botoxeados se acomoda en la silla, se pasa la mano por la cabellera rubia, suspira, y se pone de pie. Putea. Se vuelve a sentar. Está intranquila. A su lado, un joven drogadicto le pide ayuda. Sólo ella puede salvarlo.

La gordi de los pómulos botoxeados es Kathleen Turner. Actúa de monja residente en un centro de rehabilitación. Y en el escenario tiene que lidiar con este actorcito debutante que no sabe sino exagerar los tics del personaje yonkie que interpreta.

La gordi evidentemente tiene algo en esos pómulos, ya sean quistes naturales o encapsulamientos de toxina botulínica. Puede ser que esta deformación facial sea consecuencia de sus medicamentos contra la artritis reumatoide que sufrió durante años y que, según ella, también la hizo engordar. O igual es un efecto del exceso de alcohol, vaya uno a saber...

La gordi de los pómulos raros ya no es la que era.

Ya no es la rubia amazónica que se aventuraba por las selvas colombianas en búsqueda de su hermana para toparse con el bombón de Michael Douglas y cogérselo en una habitación de motel sudaca, llevando al punto de ebullición las hormonas de todos y cada uno de sus espectadores (recuerdo que mi escena preferida era cuando lo hacían y él la besaba mientras con su torso le aplastaba la teta).

Joan Wilder se fue para no volver.

Lo sospechamos cuando la vimos en La Guerra de los Roses, y lo supimos con certeza cuando interpretó al padre travesti de Chandler en Friends.

Ahora a Kathleen sólo le queda su nombre. Eso y la esperanza de que esto sea suficiente para llenar la sala del Booththeatre con gente más interesada en ver de cerca a una famosa actuando que en una obra que habla –al fin y al cabo- de la decadencia del ser humano.

1 comment:

  1. oh my god... bueno acá nos sobran personajes de estos, no es hollywood exclusive

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