Entrás al cine y te comprás una coca chica. El vaso que te dan tiene, fácil, un litro de bebida. Pagás y ya estás por subir las escaleras mecánicas cuando decidís volver sobre tus pasos y comprarte un paquete de popcorn. Está calentito y vas al dispenser del mostrador de la esquina y le agregás manteca líquida.
Apretás el botoncito bastantes veces. Total no estás acompañada y no hay nadie que te regañe.
Una vez más.
Por fin llegás a la sala y te sentás en la butaca. Habrá un total de cinco espectadores y la edad media no supera los quince años.
Se apagan las luces y empieza la última entrega de Harry Potter.
De la ansiedad que tenés, ingerís todo lo que está a tus manos en menos de cinco minutos.
(How pathetic is that!)
Ah, y el reloj marca las diez y cuarto de la mañana...
You are definitely back.

¡Qué horror!
ReplyDeleteTe adoro! Pero OJO con el colesterol. Ya comprendo lo de los niños del Bronx.
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