Graham vive en Roosevelt Island y hace más de treinta años que es el rector de un colegio religioso privado en New Jersey. Es un WASP completamente calvo y lleva gafas que sólo se saca a la hora de dormir. Como durante el verano se aburre bastante, decidió anotarse en el gimnasio. Se compró unas calzas negras y una musculosa de mujer violeta-transparente para comenzar las clases de dance-fitness, en el sótano de un gym perdido en el Upper West.
Rebecca se acaba de estrenar como bisabuela. Desde que se jubiló se inscribió en una serie de actividades diarias para llenar su tiempo muerto. Es voluntaria en un jardín de plantas comunal del Lower East Side, estudia la kabbalah en el Jewish Community Center y tres veces por semana juega al Bridge con unas amigas. Los viernes por la mañana cuando se prepara para sus clases de dance-fitness, Rebecca se calza un vestido de tenista adolescente.
Saahir está harto de que su vida se limite al campus universitario. Además, en agosto la residencia está casi vacía y sus compañeros de la carrera de IT no vuelven hasta la primera semana de septiembre. Se pasa el tiempo libre “programando” o resolviendo desafíos tecnológicos que algún otro nerd aburrido colgó en la web. Las clases de dance-fitness las encontró por casualidad, online, mientras googleaba el nombre de un coreógrafo de Dancingwith the Stars. Y aunque las nueve y media de la mañana al principio le pareció demasiado temprano, por fin se puso su equipo de basketball y una vincha fucsia sobre la frente y allí fue.
Y por último vengo yo, con un par de kilos de más, buscando algo que no sé muy bien qué es. Lo que llevo puesto es muy poco deportivo y la marca de la almohada sobre mi perfil derecho me confiere un aspecto mucho más patético del que normalmente tengo. Y me ubico detrás de Graham, entre Saahir y Rebecca. El profesor –marica por supuesto- entra y comprende que le tocó un grupo de losers matutinos. Se bebe una lata de energy drink de un saque, pone Britney a todo volumen y comienza con una serie de movimientos que ninguno de los participantes logramos seguir.
Pero no es tan grave. “Lo importante es divertirse”, dice el profe, antes de empezar con un playback sin fin que sólo va a interrumpir cuando nos grite Show me some attitude!, mientras nos hace menear el pecho y/o la cola.
En algún lugar del mundo, estoy segura, hay un director de casting que nos está buscando…
Valemos oro.

Almodóvar daría lo q no tiene x ese grupete!
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