Vuelvo y conecto con la realidad. Lo cual quiere decir básicamente que retomo mis actividades de interpretación como voluntaria en el hospital. Y el rendez-vous de hoy amenaza con ser de lo más divertido: dos psicólogas americanas coordinan un grupo de pacientes con síndrome post-traumático, enseñándoles tácticas para lidiar con la angustia y el stress en la vida cotidiana.
Todos estos pacientes son francófonos, y por esas vueltas que da la vida, la traducción instantánea me toca a mí (la única boluda de la lista de voluntarios dispuesta a exponerse tres horas a semejante actividad).
Después de presentarnos con nuestro nombre y origen –los “wow” y “arshentina-maradona” no faltan cuando me toca hacerlo-, la psicóloga número uno comienza con el primer ejercicio. Les reparte pulseritas de goma con las inscripciones EARTH WIND WATER FIRE y va relatando diferentes maneras de usarla cuando uno se siente mal. Cada elemento representa una actividad física o mental a realizar en los momentos de bajoneo diario. El del agua es por supuesto beberla para refrescarse y “limpiarse” (o sustituirla con un chicle, bien a la americana), el del viento tiene que ver con la respiración.
De l’eau. Bla bla bla.La Terre.
Le vent. Bla bla bla. Le Feu.
Y ahí estoy yo, frente a todos estos desconocidos, retomando las explicaciones y las dudas en dos idiomas ajenos, y repitiendo con mi cuerpito sudaca la mímica de cómo relajarse y exhalar. Me resulta difícil concentrarme porque no almorcé, y el hecho de que una de las profesionales tenga nombre de galletita argentina me distrae en demasía. Cuando la panza me hace ruido, pongo cara de póker.
Para terminar, la psicóloga number two propone que cada participante recorte imágenes de revistas y las pegue para hacer un collage de la esperanza. Tienen que encontrar fotos que representen un futuro posible. Mientras todos se implican activamente con las tijeras y las revistas, la psicóloga número uno reta a la otra (¿residente, quizás?) porque en todas las magazines que repartió hay sólo imágenes de modelos o de gente blanca. Tengo una suerte de déjà vu. La psicóloga number two levanta la vista para comprobar que está rodeada de african-americans (como se dice aquí para ser políticamente correctos) y sale de la sala corriendo. Vuelve a los cinco minutos con una pila de National Geographics.
Por fin vamos cerrando el encuentro, luego de compartir historias, anécdotas y sentimientos varios. Mi sensación es que mi cerebro se convirtió en un calcetín escurrido que necesita ir al ténder urgentemente. Antes de partir alguien me recuerda que es San Valentín.
Cierto. Además de cerebro tengo corazón. Pero él hoy no está. Ni tampoco me dejó lo acordado.
Vuelvo a la mesa y me llevo una de las pulseras…
La próxima vez píllame una pulsera a mí también...
ReplyDeleteTambien servia la Sports Illustrated.
ReplyDeleteJose, no me digas eso que me pone mal! (de que color queres?)
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