A John Lennon lo asesinaron hace treinta años exactos -a cuatro calles de casa- en la puerta de su edificio, el Dakota Building. En 1985, a unos metros de allí en el Central Park West, se inauguró un memorial llamado Strawberry Fields. El atractivo principal es el mosaico Imagine que hay en el suelo, alrededor del cual se reúnen frecuentemente algunos fans del Beatle a cantar con sus guitarras, observados por los curiosos turistas que sacan fotos y hasta lloran.
Si vas y tenés un poco de suerte, hasta podés encontrarte con Gary, un artista de performances que decora el símbolo de la paz con diseños florales desde hace dieciséis años y que se hace llamar a sí mismo the Mayor of Strawberry Fields.
Hoy el lugar desbordaba, por supuesto, ya que los seguidores de Lennon se dan cita todos los 8 de diciembre para cantar durante todo el día temitas de los Beatles. Los periodistas y los policías no faltaron. Y los locos tampoco.
Alan estaba de pie al costado de las vallas policiales, sonreía bastante más que los doorman del Dakota que suelen ser convenientemente antipáticos, y repartía folletos mientras lucía su pancarta. Él vive para comunicar a los ciudadanos del mundo la verdad sobre el asesinato de su ídolo, y se basa en una teoría bastante estrafalaria.
A pocos pasos, sobre la avenida, había un bus algo particular. Tenía las puertas abiertas y un par de hippies setentosos te incitaban a visitarlo. Adentro todos sonreían, tanto los guests como los hosts, y te daban ganas de quedarte. Una señora con trenzas blancas te convidaba mate de durazno y miel y te invitaba a sentarte en uno de sus asientos-sillón-cama para conversar un poquito acerca de su tribu. Un chico con barba desprolija, camisa leñadora y novia con niño atado al hombro, te mostraba una de las publicaciones de su comunidad. Están repartidos por todo el mundo, se aman los unos a los otros y son seguidores de Jesús, pero lo llaman Master Yahshua.
Y claro, en un día tan soleado como hoy te dio cosita ser descortés y te quedaste un par de horas a escuchar las historias de aquel bus que tardó tres años en construirse y de la gran familia que forman sus habitantes.
Cuando te despediste lo hiciste a los abrazos, y respondiste con un “you too” más que caluroso cuando la de las trenzas te saludó con un sincero “take care, my friend”.

No puedo creer que subiste al bus
ReplyDeleteyes, sir, subi y me quede un buen rato... vos pensas que tenia algo mejor que hacer?
ReplyDeleteAgusita, ten cuidado en donde te metes!
ReplyDelete...y lo que bebes!!! ¿Tu mamá no te enseñó que no hay que aceptar bebida ni comida de desconocidos?
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