Thursday, 14 October 2010

Out of your league



Ayer a la salida del Day Care, la mamá de una compañerita nos invitó a una venta privada de ropa infantil a pocas calles de allí. Aunque el armario de La Pitufa da como para vestir trillizas durante un mes sin lavar ni un calcetín, tuve que decir que sí. Mi necesidad de cultivar amistades en la ciudad es tan seria que me lleva a engancharme en cualquier programa, por más ajeno que me resulte.

El evento era en un piso del Upper West donde dos madres de familia francesa, reconvertidas en diseñadoras de indumentaria para niños, vendían las piezas a un público limitado y selecto. La colección, me explicaron, se puede adquirir exclusivamente en casas particulares de la elite gala en Hong Kong, Londres y Nueva York.

Agarré un pantaloncito para disimular, hice como que se lo media a La Pitufa, pregunto el precio, y ante desorbitante suma digo: “Ay, qué lástima, seguro que acá se paga con cash y yo sólo traje la tarjeta!”. Nunca me hubiese permitido yo  desembolsar semejante cantidad en un pantalón. Ni siquiera en uno para mí misma.

“No te preocupes”, intenta calmarme la mamá del Day Care, “yo te lo pago y me lo devolvés después”.

Diez minutos más tarde salimos del apartment-boutique, cada una con su bolsita en la mano. La mía con unos pants de corderoy gris cuya materia prima no debe costar más de diez pesos argentinos.

¿Cómo le explico esto a mi marido?

Lo mejor será ocultarlo, no hay duda.

Recorremos algunas cuadras juntas, y al pasar por mi banco le digo que me espere, que voy a sacar la plata así saldamos la deuda. Me contesta que no hace falta, que no necesita tan ridícula cantidad para sobrevivir esa noche, que se lo puedo dar otro día. Insisto: mejor ahora. Me meto en el cajero mientras ella me espera afuera junto a los dos cochecitos.

El único problemita fue que en nuestra cuenta había menos dinero que el valor del pantaloncito en cuestión. Y que yo todavía no asumí la realidad: que en Manhattan somos pobres y que  sería mucho más saludable para todos hacerse amiga de alguna madre del Bronx y dejar el shopping pretencioso para otra vida.

2 comments:

  1. jajajajajjajajjajaja!!!!!!!!!!!!!!!!!!
    sólo puedo decir eso....
    Yo tengo invitaciones de esas de ventas privadas todas la semanas y sinceramente paaaaso de ir, son una trampa!!

    ReplyDelete