Wednesday, 6 October 2010

The Good Stuff in your Neighborhood


Todo el barrio como loco. Desde hace semanas que comentan. “Viste? Reabre Trader Joe’s”, “Trader Joe’s is opening next week!”, “Wow, Joe is back!”. Te lo dice la del Cleaner’s, tres madres del Day Care, la presidenta de una asociación de servicios legales que te entrevistó el jueves pasado, y Russell, el vecino de arriba.

Y entonces decidís cambiar tu compra semanal en Fairway y testear el nuevo supermercado. Después de todo, si te dicen que los productos propios tienen una calidad suprema y que es famoso por la oferta de mercancía fresca a precios moderados, no ves porque no ir.

De tu visita a lo de Joe, sacás tres conclusiones. A saber:

Uno) El cartelito escrito a mano previniendo a los customers para que esperen a que el ascensor venga a recogerlos automáticamente debería ser –por lo menos- dos veces más grande. Porque vos no lo viste y cuando quisiste llamar al ascensor el botoncito te dio una descarga eléctrica lo suficientemente potente como para fulminarte el omoplato.

Dos) No debés comprar más salmón fresco en Trader Joe’s porque de fresco no tiene nada y además cuando lo cocinas a la noche emana un olor a descomposición feroz, y no sólo te caga la cena, sino que al día siguiente tenés que volver con el pescado envuelto en tres bolsas de plástico y tu ticket y explicarle al manager vestido con camisa Hawaiana –porque así Joe quiso uniformar a sus gerentes- lo que te sucedió para que el cajero de la 15 que se llama Wendell te devuelva los once dólares con trece centavos, después de pedirle cambio a la cajera de la 23 que se llama Shakelina, y la verdad es que estás al pedo en la vida pero perder el tiempo de semejante forma te deprime cuantiosamente.

Tres) Definitivamente, Trader Joe’s es una mierda, y te importa muy poco que sea uno de los supermarkets más tradicionales del país, y el hecho de que el primer local que abrieron en Pasadena en el ’67 todavía siga en pie o que los empleados te traten como si fueras su best friend, o que te ofrezcan café y galletitas gratis mientras consumís entre sus góndolas de madera de cedro, a vos realmente te chupa un rabanito y la mitad del otro, y jurás por tu madre y por tu hija que nunca más lo volverás a pisar.


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