Wednesday, 15 December 2010

Every girl gets her DANCHI in the end




Cuando era chiquita un buen día le pregunté a mi abuela si en Japón había castillos porque Danchi Takinami quería casarse conmigo y como yo era una princesa, antes de darle mi consentimiento necesitaba saber si en su país de origen tenían viviendas dignas para mi condición. 

Delirio de realeza galopante.

Supongo que la abuela me habrá dicho que sí, porque desde que tengo uso de memoria Danchi fue mi “primer novio”, en el jardín de infantes. Nos dábamos las manos en los recreos, nos sentábamos uno al lado del otro en los asientos del micro escolar y hasta dormimos en la misma habitación en el viaje de egresados de la sala de 5, gracias a que la directora era mi abuela y consentía cada capricho que yo le pidiera.

Los años fueron pasando y aunque ya no nos dábamos la mano, en mi mente y en mi corazón Danchi seguía siendo mi novio. Aunque del tema no habláramos, como me convidaba a mí sola esos negros papelitos crujientes con gusto a mar que él llamaba golosina japonesa, para mí era obvio que él gustaba de mí.

Por lo menos eso creía yo, hasta que un buen día –ya con diez años de edad- escuché que Danchi estaba enamorado de una alumna nueva. Y me rompió el corazón. Más que nada porque me quedaba ese gustito amargo de la asignatura pendiente: nunca nunca nos habíamos besado.

Con el tiempo Danchi se fue alejando de mi vida y el beso que nunca me dio fue adquiriendo dimensiones traumáticas. Uno de mis sueños recurrentes es que por fin nos besamos. Sin ir más lejos, anoche soné que Danchi Takinami se aparecía en mi balcón (un balcón que por supuesto no existe porque soy pobre), me besaba apasionadamente y me secuestraba de New York.

En la sala del Day Care de La Pitufa hay doce nenes y siete nacionalidades diferentes. Aunque su nombre no lo indique, el pequeñín Andersen es de origen japonés y en la foto grupal que tenemos en la puerta de la heladera está justo detrás de mi hija (yo en cambio, en la única foto escolar que conservo, me encuentro detrás de Danchi). Cada vez que lo veo, obviamente pienso en mi primer novio, y me invade una mezcla de ternura y frustración.

Por un lado me causa gracia pensar en que la historia se repita. Pero la verdad es que sentí un gran alivio (y porque no confesarlo, una gran sensación de victoria también), cuando ayer la fui a buscar al Day Care y me contaron que La Pitufa había besado a Andersen en la boca.

Como dicen por ahí, una generación siembra lo que la siguiente recolecta. O algo asi…


4 comments:

  1. Hasta donde yo se mi ahijada ya se fue de Madrid sabiendo besar en la boca. (aprendió en lo de Sole y tu estabas horrorizada). ¡Ole!¡Pasión española en Manhattan!
    (Por cierto, en la foto, ¿Quién eres tu? Además hay dos asiáticos,…)

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  2. soy la de al lado d la maestra

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  3. Deci que tambien te curtiste al pibe del medio!
    Nota al margen, Jess estas igual que hace veinticinco años.

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