Era una invitación para despedir el año con el equipo del hospital con el cual colaboro como voluntaria. El email aseguraba que el bar elegido era delightful, que los tragos eran de lo más tasty, que íbamos a tener mucho fun, y –lo más preocupante de todo- que el evento era para fortalecer la comradery.
La angustia de tener que hacerle frente a una situación de CAMARADERIA compuesta por una gran mayoría de desconocidos estuvo al borde de retenerme atrincherada en casita. Pero, como bien me señaló J, esa opción no era un lujo que me pudiera permitir. Después de todo, ¿cuántas oportunidades tengo en esta ciudad para sociabilizar?
Fui, como no, al borde del panic attack. Todo el trayecto me repetía a mi misma la fórmula mágica que creí podía funcionar para darme fuerzas para encarar la festichola yo solita: “go ‘n’ mingle, girl!”. Como si estuviese rezando el padre nuestro en voz baja. “Go ‘n’mingle, go ‘n’ mingle, go ‘n’ mingle!”.
Entré al Ice Bar (¿qué mejor que cagarte de frío en la calle y entrar a un bar temático sobre el hielo?) y le sonreí a la secretaria del departamento que me hacía señas al final de la mesa. Me presentó ante todo el staff, y me sentó al lado de un pibe igual a Samuel L. Jackson, pero con veinte kilos de más. A partir de ese momento no me quedó otra que emborracharme con una bebida que se llamaba Moscow Mule –bastante desagradable, por cierto- hasta lograr aflojar un poco y desenvolverme con algo de carisma.
Muy a mi pesar, la noche terminó siendo igual de mierda de como yo me la imaginaba. La gente charlaba entre sí, de temas súper interesantes como por ejemplo el score de cada uno en Guitar Hero o de cómo apostar online durante los partidos de fútbol americano, y de vez en cuando alguno me preguntaba “Where are you from?”. Y en ese caso yo le sonreía al extraño de turno y le contaba acerca de mi vida.
Si al volver a casa me hubiese encontrado un cuchillo de asador, me lo hubiese clavado en el medio de la aorta ascendente. Pero en vez de eso me encontré a una Pitufa despierta y me tuve que poner a cantar Hakuna Matata moviendo un títere de una cebra con mi mano izquierda y uno de un león con la derecha.
Toda una salvación...

ODIO las reuniones de fin de anio
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