Cuando la llevaste el lunes pasado a La Pitufa al Day Care, hizo un escándalo. No quería que te fueras. La única manera de convencerla fue quedándote un ratito en la sala y leer con ella lo que la maestra señalo como su libro preferido: Light the Menorah. A los dos días volvió a casa con unos dreidels y unos dibujitos de las actividades de Hanukkah que habían hecho a lo largo de la semana.
Entonces pensaste que ya era hora de enseñarle también un poco de lo otro, ese lado que tiene algo más que ver con tus tradiciones familiares. Aunque vos creías que tu hija era demasiado joven para estas cosas, no te quedó otra que empezar con las explicaciones de esas costumbres ligadas a la religión.
Además te presionaba el countdown navideño.
Compraste un arbolito diminuto, La Pitufa le puso estrellitas y guirnaldas, y en su calendario de adviento le mostraste a Papá Noel y le explicaste el cuentito de los regalos. También sacaste el pesebre indígena-kolla de tres piezas que tenías en el fondo de un cajón y le presentaste a María, José y “el bebé”. Porque Jesús en su vida ya hay uno y es su profe de artes plásticas: no hay necesidad de exponerla a más confusiones.
Todas las tardes alimentaste la leyenda del gordo del traje rojo y barba blanca, los renos, las sorpresas y la magia. A sus tiernos dos años La Pitufa parecía entender más de lo que vos hubieses imaginado y además estaba encantada con todos los arbolitos que iba descubriendo en las vidrieras del Upper West.
La cagada fue que el sábado cuando saliste con ella a dar una vuelta bien temprano por la tarde, te encontraste con la cruda realidad. Decenas de americanos vestidos de Santa, corriendo en diferentes patotas por las calles, totalmente borrachos.
Era la jornada de uno de los más esperados pub crawls del año: el SantaCon. La consigna es vestirse de personaje navideño e ir de copas, de bar en bar, con los amigos, empezando a las 10 de la mañana y terminando quién sabe dónde a altas horas de la noche. Lo más gracioso es que de alguna manera se las ingenian para que también sea un evento caritativo y recaudan miles de dólares y juguetes cada vez que lo organizan. Para calmar un poco a los grupos de padres opositores que, por supuesto, encuentran un poco difícil explicar a sus hijos que en vez de un Santa Claus hay miles, que aparecen mucho antes de navidad, y que en lugar de regalos en las chimeneas dejan vómitos en cada esquina del barrio.

Magic's in the air
ReplyDelete¡Ya ves! Y yo que pensaba que no podía haber nada más lamentable que las pelucas de plaza Mayor. En todos los sitios cuecen habas...
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